Ley antitaurina como rechazo a la violencia

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A estas alturas ya conocemos la polémica que se ha generado a raíz de la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. En todo caso, se trata de un paso hacia delante para los derechos de los animales y para la defensa de una sociedad no violenta.

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Canarias ya sentó un precedente en 1991, como así lo decía el artículo 5.1 de la Ley 8/1991 del 30 de abril sobre la protección de los animales: “Se prohíbe la utilización de animales en peleas, fiestas, espectáculos y otras actividades que conlleven maltrato, crueldad o sufrimiento”. La oposición a la tortura se intensifica con el apoyo catalán. Aunque no se han eliminado los festejos llamados “correbous” (donde no hay muerte del animal pero sí sufre miedo y ansiedad), la prohibición de las corridas suponen una victoria en el camino a una sociedad pacífica. Precisamente, para aprovechar el tirón mediático, las asociaciones de defensa de los animales han presentado un recurso aceptado por el juzgado número 6 de Barcelona para prohibir estos “toros de fuego”. No se trata de “o todo o nada”, sino de aplaudir cualquier victoria, por pequeña que sea.

La ley contra el maltrato animal está vigente en toda España. Sin embargo, paradójicamente trata al toro de lidia como una excepción. ¿Tiene más derechos una urraca que un toro? ¿Por qué? Las corridas de toros son un espectáculo anacrónico. No podemos anclarnos en la tradición para justificar la violencia. Violencia no es cultura, como tampoco lo era la “tradicional” Inquisición en épocas pasadas. Las decisiones valientes y progresistas siempre generan polémica; en todos los tiempos ha sido así. El tiempo y el sentido común dará la razón a quienes rechazan la violencia animal como símbolo de progreso, como así ha ocurrido, por ejemplo, con quienes defendieron en su día la libertad de expresión, que también lucharon contra viento y marea.

En una sociedad globalizada como la actual los extranjeros han apreciado con admiración que España es algo más que “toros y olé”. Precisamente los focos antitaurinos no existen sólo en Cataluña, ni en Canarias, ni siquiera en España. Los defensores de los animales son mundiales y así lo demuestran las manifestaciones con pancartas en varios idiomas.

La prohibición de los toros es una gran decisión mancillada por el circo mediático. Se trata de una defensa hacia el animal que no debería haberse politizado ni por los sectores independentistas catalanes ni por los sectores conservadores españolistas. Dejemos la política a un lado y veamos las cosas como son: un alegato a la paz y al respeto animal. Quedan muchos aspectos que mejorar, sí, pero lo importante es avanzar, aunque sea poco a poco.

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