A finales del neolítico aparecen los primeros pobladores en Barcelona, no obstante, hasta los siglos VII y VI a.C. no son una población importante, cuando aparece un pueblo íbero, los layetanos. Hacia el año 218 a.C. los romanos ocuparon la ciudad que fue adquiriendo importancia a través del comercio. En el siglo III ya tenía una población de entre 4.000 y 8.000 habitantes.
En el siglo V se convirtió en capital de los territorios hispanos por los visigodos. Después hubo varios ataques entre musulmanes y cristianos por lo que la ciudad fue casi totalmente destrozada. Se inició una reconstrucción que dio lugar al periodo condal, llegando a ser una de las ciudades principales del Mediterráneo occidental en los siglos XIII y XIV.
La decadencia se inició a partir del siglo XV durando varios siglos. Tras el matrimonio de los Reyes Católicos comenzaron las tensiones. La Guerra de los Segadores (1640-1651) y la Guerra de Sucesión (1706-1714) provocaron que desaparecieran las instituciones propias de Cataluña. No obstante, gracias a la integración con España y al comercio con América hubo un resurgir económico.
Barcelona volvió a convertirse en un importante centro económico, político y cultural con la industrialización en el siglo XIX (Renacimiento). Barcelona tuvo el monopolio del comercio textil de España y Cuba. En 1897 se anexionó seis municipios tras el derribo de sus murallas. Así planificó un gran desarrollo urbano e industrial a través del plan del Ensanche de Ildefonso Cerdá.
Con la Primera Guerra Mundial hubo otro crecimiento económico, además de la proliferación de nuevas tecnologías. No obstante, la crisis del 29 y la Guerra Civil fueron devastadoras para la ciudad. Fue foco de varios bombardeos y de rebeliones internas y peleas entre partidos para defender la II República. A finales de 1939 fue ocupada por las tropas franquistas y desde entonces se produjeron oleadas de inmigración del sur de la Península.
Imagen de Wikipedia
